Barlow
se quedó observando la habitación y pensó que al menos por pasar una sola noche
ahí ya valía la pena someterse a los experimentos que fuesen. La habitación era
blanca, luminosa e impoluta. Tanto la cama como el mobiliario eran en color
gris claro, al igual que las cortinas que cubrían ligeramente el gran ventanal
que tenia una de sus paredes, propiciando una harmonía del conjunto que
invitaba a la relajación, algo que por otra parte sentía necesitar. Encima de
la cama tenía un pijama de color azul cielo perfectamente doblado, y sobre este
unos zuecos de goma del mismo color, sobre la cómoda de la habitación había una
fuente metálica con hielo triturado y algunas hojas de menta por encima con
varias piezas de fruta, un par de chocolatinas y una botella de agua con un
vaso de plástico transparente. A Barlow aquello le parecía el paraíso, incluso
se le llegaron a saltar las lagrimas recordando su pasado y su presente, no
recordando la última vez que se encontraba en una estancia similar.
Abrió
la puerta del aseo y tras desnudarse vio su cuerpo reflejado en el espejo del
lavabo, se quedó observando durante unos minutos viendo como el paso del tiempo
y el sufrimiento de las adversidades había machacado lo que su mente recordaba
como su físico. Unos ojos hundidos y tristes, la barba de 3 semanas de su cara
y lo marcado de los huesos de sus hombros y de las costillas le hizo ver que se
encontraba en un estado de salud lamentable. Se metió en la ducha y tras abrir
el grifo y notar correr por su cuerpo el agua caliente comenzó a sentir algo de
alivio sobre la situación en la que se encontraba. Hacía meses que no se
duchaba por lo que apoyando las palmas de su mano sobre la pared, dejo que el agua
le golpease sobre su cabeza y cuello deslizándose por su espalda. En ese
momento de relajación en el que su cabeza volvió a pensar con claridad recordó
de nuevo a Alice. Habían pasado más de los dos días que le dijo que estaría
fuera, pero no había vuelta atrás. Habiendo conseguido su objetivo de estar en
la clínica y conseguir dinero, no era momento de retroceder. No tenia forma de
avisarla, por lo que pensó que se sentiría traicionada al fallar a la cita
prometida, pero se auto convenció de que no había más opción que seguir
adelante con su decisión. Alice debía ser fuerte y tratar de salir adelante
sola hasta que de nuevo la localizase.
Al
terminar con la ducha procedió a afeitarse aprovechando la cuchilla que había
en el lavabo y tras ponerse el atuendo que tenia encima de la cama volvió a
mirar al espejo. Su imagen había cambiado radicalmente, al menos en apariencia
externa. Ya no parecía el pordiosero vagabundo que entro en la clínica, pero su
rictus seguía serio y con síntomas de preocupación. No sabía qué tipo de
pruebas le realizarían ni los síntomas posteriores que pudiese tener, y aunque
su decisión era firme el nerviosismo de la situación lo controlaba a duras
penas. Salió del aseo y se acerco a la cómoda donde cogió una manzana de la
fuente de fruta, se sentó en una butaca junto al ventanal y fijo sus ojos sobre
la manzana, hacia más de un año que no comía fruta, al menos fruta en
condiciones, y sentía la necesidad de disfrutar del momento, así que qué tras
respirar profundamente y con la tranquilidad necesaria para disfrutar de lo que
él consideraba semejante majar, cerró los ojos y se acerco la manzana a la boca.
El propio sonido crujiente del mordisco a la manzana ya le supo a gloria,
apenas lo recordaba, y revivir esa situación le produjo una pequeña sonrisa
cómplice en la cara, estaba comiendo fruta fresca…
A
los pocos minutos llamaron a la puerta de su habitación, ¡se encuentra
visible?! Pregunto una voz femenina, ¡adelante, adelante, entre sin problemas!,
contestó, ¡Buenos días señor Barlow!, ¡mi nombre es Carla, soy su enfermera y
voy a extraerle una muestra de sangre para examinarla antes de comenzar con los
ensayos!, ¡Buenos días Carla! Contesto Barlow, todavía con media pieza de fruta
en la mano, ¡extrae la sangre que necesites!, ¡Cuándo se realizaran las pruebas
conmigo?! Le preguntó. ¡Siento no poder contestarle, ni yo misma estoy
autorizada a tener esa información, de todas formas si puedo decirle que aquí
los pacientes, por llamarles de alguna manera, no suelen estar mucho tiempo!,
contesto Carla. Acto seguido y tras ponerle una goma en la zona del bíceps de
su brazo derecho para provocar un hinchamiento de las venas del antebrazo,
Carla extrajo 3 probetas de sangre de Barlow, que tras rotularlas con el número
636 colocó en un recipiente, ¡trate de descansar un poco señor Barlow, debe
estar en las mejores condiciones posibles cuando llegue el momento de las
pruebas, lo agradecerá! Dijo Carla marchándose de la habitación. Barlow termino
lo que le quedaba de la fruta que tenía en la mano, se tumbo en la cama disfrutando
de la suavidad y el olor a limpio de sus sabanas, durmiéndose a los pocos
minutos.
Pasadas
aproximadamente 3 horas volvieron a llamar a la puerta, pero en esta ocasión
entraron directamente en la habitación sin ni siquiera decir nada. ¡Buenas tardes
señor Barlow!, ¡oh, Janet, es usted! Dijo Barlow mientras se incorporaba de la
cama, ¿acaso esperaba visita? pregunto Janet con tono serio y distante. ¡Vengo
a comentarle los resultados de los análisis de sangre que le hemos realizado!,
prosiguió mientras hojeaba los informes, ¡sorprendentemente usted está sano,
con deficiencias evidentes por falta de alimentación así como una escasa
capacidad pulmonar, pero sano al fin y al cabo, lo cual es muy beneficioso para
nuestros proyectos ya que los resultados se verán con más facilidad que en caso
de tener alguna enfermedad!, ¡mañana mismo comenzaremos con usted!, dijo Janet dándose
la vuelta y encarando la puerta de salida de la habitación ¡siempre es usted
tan rigida y fria cuando trata con la gente?! Le pregunto Barlow, ¡como dice?!
Respondió Janet, ¡escuche, por mi trabajo no puedo permitirme el lujo de
entablar la mas mínima amistad con mis pacientes, la relación con gente como
usted debe ser estrictamente profesional, no quiero saber los problemas personales
que le han llevado a someterse a este tipo de experimentos, mi conciencia debe
estar limpia para poder seguir desarrollando los productos que posteriormente venderemos,
no podemos contaminarnos de las preocupaciones externas de nuestros pacientes,
y si, le diré que es mucho mejor para nosotros, los científicos, ser fríos en
el trato para conseguir nuestros objetivos, ya que las consecuencias de los
experimentos que hacemos aquí con los medicamentos pueden ser graves y no
podemos permitirnos tener sentimientos encontrados con los pacientes que nos
nublen la mente en caso de fracaso, recuerde señor Barlow, que usted ahora
mismo no es más que el paciente número 636, tan solo eso, el paciente 636, no
nos importa su pasado y no pensamos en su futuro, usted aquí está considerado
como una materia viva en la que experimentar nuestros medicamentos!, ¡le ha
quedado claro?! Sentenció Janet a la vez que salía de la habitación cerrando de
un sonoro portazo.